El movimiento cooperativo volvió a encontrarse para celebrar el Día Internacional de las Cooperativas y reafirmar, frente a los desafíos de un mundo atravesado por profundas desigualdades, conflictos y fragmentaciones, la vigencia de una forma de hacer economía basada en la solidaridad, la democracia y el compromiso con las comunidades.

El Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (IMFC) realizó un acto conmemorativo por el 104° aniversario del Día Internacional de las Cooperativas, con epicentro en la sala Solidaridad del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. La actividad reunió presencialmente a unas 200 personas y tuvo, al mismo tiempo, una amplia participación federal mediante una transmisión en vivo del canal Floreal del CCC en las filiales del Banco Credicoop de todo el país.

El encuentro contó con la participación de Ariel Guarco, presidente de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) y de la Confederación Cooperativa de la República Argentina (Cooperar), quien compartió la mesa con Juan Carlos Junio, presidente del IMFC, y Carlos Heller, presidente del Banco Credicoop. La convocatoria alcanzó una dimensión especialmente significativa: según destacó Junio, participaron 15.453 cooperativistas vinculados a las 276 filiales del Banco Credicoop, junto con 2.697 entidades de carácter social, de las cuales 2.150 son cooperativas de distintas ramas de actividad.

Durante la jornada se puso en valor la diversidad y la amplitud del movimiento cooperativo argentino, presente en actividades tan diversas como el crédito, la producción agropecuaria, los servicios públicos, la vivienda, el consumo, el trabajo, la energía, el agua, las telecomunicaciones, la cultura, la tecnología y los cuidados. Pero, sobre todo, el encuentro permitió reafirmar que detrás de cada una de esas experiencias existe una misma concepción: la economía debe estar al servicio de las personas y del desarrollo de las comunidades.

En ese sentido, Juan Carlos Junio planteó la necesidad de fortalecer al cooperativismo como una alternativa concreta frente a una crisis civilizatoria signada por la profundización de las desigualdades, los paradigmas individualistas y el debilitamiento de los vínculos sociales. “El cooperativismo se ofrece como una opción real”, sostuvo, al tiempo que reivindicó su capacidad para construir proyectos sustentados en relaciones solidarias y para aportar a “un mundo sin guerras, un mundo de paz”.

Carlos Heller, por su parte, destacó la experiencia del Banco Credicoop como una demostración concreta de que es posible sostener un modelo empresarial basado en la participación y la solidaridad. En particular, puso de relieve la existencia de miles de dirigentes que participan ad honorem en las comisiones de asociados de las distintas filiales, junto con los trabajadores y trabajadoras de la entidad. “Somos una entidad diferente, un modelo diferente”, afirmó, al reivindicar una construcción colectiva que se proyecta también a través de otras iniciativas del movimiento cooperativo.

En su intervención, Heller también se refirió a los desafíos vinculados con la soberanía nacional, el desarrollo científico y tecnológico y el endeudamiento de las familias. Sus reflexiones apuntaron a una cuestión central para el cooperativismo: la necesidad de discutir no solamente las herramientas económicas disponibles, sino también el modelo de sociedad y, particularmente, la forma en que se produce, se acumula y se distribuye la riqueza.

El cierre del encuentro estuvo a cargo de Ariel Guarco, quien situó la celebración del Día Internacional de las Cooperativas en el complejo escenario internacional y convocó a fortalecer el papel del movimiento cooperativo como constructor de paz.

El presidente de la ACI advirtió sobre la dimensión de la conflictividad que atraviesa actualmente al mundo, con decenas de conflictos armados y miles de millones de personas afectadas por situaciones de violencia, desplazamiento e incertidumbre. Frente a este escenario, sostuvo que las respuestas del cooperativismo no pueden limitarse a los grandes debates internacionales, sino que deben comenzar en cada comunidad, en cada organización y en cada espacio donde hombres y mujeres construyen cotidianamente relaciones económicas diferentes.

“Los desafíos que enfrentamos son enormes, son globales; pero las respuestas las construimos localmente”, expresó Guarco, para luego remarcar que el trabajo cooperativo contribuye a generar sociedades más igualitarias y, por lo tanto, más armónicas. Para el dirigente, la posibilidad de que las personas tengan oportunidades similares para desarrollarse constituye una condición fundamental para reducir la conflictividad social y consolidar comunidades más cohesionadas.

En esa misma línea, Guarco insistió en la relación inseparable entre democracia política y democracia económica. “No es posible tener democracia civil si no hay democracia económica”, afirmó. Desde esa perspectiva, explicó que las cooperativas construyen economía real, centrada en las personas, y permiten que quienes participan de ellas sean protagonistas y dueños de las decisiones que inciden sobre sus propias vidas.

Uno de los momentos centrales de su intervención estuvo dedicado a reivindicar la dimensión transformadora de la economía cooperativa. “Cuando la economía no está al servicio de las personas, mata. Frente a eso, nosotros practicamos una economía sanadora, que pone a las personas y al ambiente en el centro de la escena”, expresó.

Guarco también destacó la dimensión global de un movimiento que, pese a su diversidad cultural, geográfica y lingüística, comparte principios y valores comunes. “Somos más de mil millones los cooperativistas que hablamos el mismo idioma, aunque tengamos distintas lenguas y vivamos en distintos contextos”, señaló. Esa identidad común, sostuvo, constituye una de las principales fortalezas de la cooperación para afrontar un escenario internacional cada vez más fragmentado.

El dirigente llamó así a profundizar los vínculos entre las organizaciones cooperativas de todo el mundo y a asumir el desafío de construir puentes allí donde predominan las divisiones. “Nuestro mayor desafío es seguir tendiendo puentes para la paz, en un mundo que se fragmenta y donde la violencia gana terreno. La cooperación es el camino”, afirmó.

El encuentro concluyó con una convocatoria a profundizar el diálogo y la acción colectiva para construir políticas capaces de ofrecer respuestas diferentes frente a las tendencias que profundizan la desigualdad, la fragmentación y la violencia. “Tenemos la posibilidad de construir todos juntos una sociedad mejor, cada uno en su cooperativa, cada uno con su grupo de pertenencia, cada uno con la expertise que tiene, cada uno defendiendo, promocionando el cooperativismo de cada una de sus comunidades. Entre todos, somos un modelo imparable”, afirmó Guarco.